Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

viernes, 23 de junio de 2017

Un lugar a donde no sé ir

Se puede quedar una ciudad pequeña aún más chiquita, cuando no hay un lugar al que ir. He buscado un tramo recóndito en los parques, una esquinita que respeten otros pasos y otras voces, pero hay demasiada gente en todas partes.

No me ha quedado otra que apoyar mi bicicleta en un banco, sentarme a un lado y echar mis dedos sobre esta pantalla para contarle que no sé a dónde ir.

Se está haciendo de noche pero le cuesta. Es la noche de San Juan, de las hogueras, de las brujas. Pero la bruja que llevo dentro está consumida, con la cabeza metida entre las piernas, sola por opción, sola entre la gente.

Estoy haciéndome la loca, evidenciando concentración sobre el móvil para que nadie me moleste, para que quien quiera que me conozca no me salude, no me pregunte, no me mire más, no me intimide, no me rompa la escapada que pretendo así, a la vista de quien quiera que pase.

Hay un lugar a donde no sé ir donde hay personas que seguro entienden que la tristeza y la ira son la cara y la cruz de un corazón roto al que no le llega la sangre. Hay un lugar en alguna parte donde las cosas no se cuentan ni se comparten; un lugar donde no cabe ni la reclamación ni la protesta porque el silencio tras la derrota lo ha colonizado todo.

Hay un lugar a donde no sé ir que me espera para ayudarme a desaparecer de todas las miradas. Pero no sé dónde está.

Cojo la bicicleta y reanudo mi camino sin meta en esta noche de San Juan tan triste.

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