Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 1 de junio de 2017

Los deberes que me ponen a mí en el cole

A mi hija de 10 años le han puesto como tarea escolar leer diez páginas del capítulo 35 de El Quijote. Del auténtico. Nada de adaptaciones. También tenía que sacar tres "reseñas" (vocablo de uso infantil común, como todo el mundo sabe) y relacionarlas con alguna referencia de su corta vida.
¿Lo dejo aquí o me desparramo?

Ya me conocéis así que voy. Era una tarea puesta ayer para mañana. Mi hija me había advertido de que iba a necesitar mi ayuda, como otras veces. He llegado a las diez de la noche y me he encontrado esta joya de nuestra literatura en manos de mi chiquilla: "Me he leído las diez páginas pero no he entendido nada". He entrado en cólera: "¡¿10 páginas?! ¡¡De folio!! ¿¡¡De El Quijote de verdad!!?"

Yo pensaba que después de haberme tenido que cascar un trabajo sobre el Barroco en Semana Santa (recuerdo: 10 años) nos habíamos ganado la exención de deberes para el resto de curso todos los padres y madres sometidos al despropósito de la docencia más desubicada.

Pero se ve que no. Las diez y pico de la noche, espuma por la boca, ojos encolerizados, sapos y culebras dando saltos y reptando por toda la cocina, y una decisión que tomar con los folios bailando frenéticamente en una de mis manos.

A la mierda. A mí no me pone más deberes una profesora ni me dice cuándo ni cuántas páginas voy a leer de El Quijote una noche de miércoles con la ropa de la lavadora por sacar y tender, la cena por preparar y el día por finiquitar.

Estoy en contra de los deberes escolares que, por sistema, dilatan innecesariamente las jornada de los niños y niñas. Pero nos toca tragar, como hacemos con tantas cosas que van en el mismo lote que esta sociedad que se pierde a pasos agigantados lo mejor de la vida dándole alas a valores que no lo son.

Estoy en contra de los deberes escolares pero se me saltan las lágrimas de tener que estar escribiendo sobre los deberes escolares ¡para padres y madres! Ya vale.

Ni la lectura de El Quijote ni "hazme un trabajo sobre el Barroco, del que no te he contado ni media palabra en clase, contestando unas "preguntitas" buscando en internet" son tareas apropiadas para escolares de 10 años. Huelga decir que es una indecencia pretender que las hagan los padres y madres, que ya son mayores para asumir mandaditos. Pero la auténtica perversión es el peligroso "juego" del camuflaje de autoría al que entramos para salvarles la papeleta a nuestros niños y niñas. Porque van con los deberes hechos (cohechos en el mejor de los casos) y legitiman esas encomiendas para las que no tienen ni capacidad ni recursos.

Me voy a la cama. Con los deberes sin hacer.

2 comentarios:

Maribel Alday dijo...

Muy buena la reflexión. Tienes toda la razón. Hay educadores que no se ponen en la piel de sus alumnos. Una pena!!! La segunda reflexión es para tenerla muy en cuenta. La de los padres que entran en el juego del camuflaje. Camuflaje ¿hasta cuando? ¿También en la Universidad? pues aunque parezca mentira, a veces también.

Mentxu Ramilo Araujo dijo...

Triste, muy triste. ¿Cuándo será eso de aprender para la vida? ¿Aprender a discernir, contrastar fuentes...? Hoy más que nunca el conocimiento no lo tienen las personas que cobran por enseñar, está distribuido en Internet y en las cabezas de personas mayores y sabías. Los roles de profesorado, alumnado, madres y padres tienen que adaptarse al s.XXI. Deberes, libros de texto y padres y madres que hacen deberes y aprueban exámenes para mí son un retroceso. Benefician a editoriales, profesorado sin vocación y a criaturas que desde edades tempranas delegan su responsabilidad en mayores para que les saquen las castañas del fuego hasta que se independicen a los 40...si eso. Ánimo!!!