Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 2 de febrero de 2017

La vida en rosa de la flamenca

De repente un día me empezaron a llamar la atención los flamencos. Fue una cosa rara porque no me gustan nada las aves. Me dan grima, miedo y siempre me parecen demasiadas. Tampoco el rosa me resulta un color bonito. Puede ser que mis ojos hayan agotado ya la capacidad de percepción de toda la gama de rosas con todos sus matices, intensidades y brillos. Tener dos hijas somete involuntariamente a un empacho vital de rosa del que no es fácil escapar.

Y sin embargo me fascina ver a los flamencos: su altivez, su elegancia, su equilibrio. Y sí, su plumaje rosa, a veces casi rojo, me cautiva.

Me preguntaba si habría algo en el comportamiento de los flamencos que pudiera darme la clave de mi repentina pasión. Así que busqué. Y encontré: “los flamencos son especialmente exitosos en sus intentos de fuga”. La primera, en la frente. Cuánto que aprender y qué materia más interesante para mí. No sabía yo que cuando viven en cautividad les suelen recortar las alas para que no puedan volar (mi empatía se dispara y empiezo a imaginar lo que podría acabar siendo mi vida en rosa). Pero ocurre que las alas les vuelven a crecer y si no se está muy encima puede ser tarde para frenar el ansia de libertad del flamenco.

Hay más: no es fácil atrapar a un flamenco fugado. Qué maravilla. Fugarse con garantías no es cosa baladí. Parece ser que a mis admiradas aves rosas no les gusta un pelo ser molestadas por otros animales y mucho menos por los humanos, y por eso buscan emplazamientos aislados para asentarse.

Mi buceo por la información sobre los flamencos alcanza su punto álgido cuando leo que estas aves se reparten completamente el cuidado de las crías. Un sentimiento de injusto destino se apodera de mí: ¿por qué ser una mujer si puedes ser una flamenca? El flamenco y la flamenca hacen el nido juntos, se turnan para incubar los huevos y defienden el anidamiento. Pero lo más de lo más es que ambos tienen la capacidad para producir una secreción llamada “leche de buche” y alimentar a sus crías. Ahí lo tenemos: biología y costumbre en alianza suprema por la igualdad de oportunidades de flamencos y flamencas. Siento ganas de llorar ante tamaño descubrimiento.

Además de escaparse como nadie, procurarse la paz en sitios poco frecuentados y establecer hogares igualitarios, los flamencos saben hacer eso de mantenerse sobre una pata sin que peligre un ápice su altanería. Me gusta ese punto de soberbia que no hace daño a nadie.

Me ronda por ahí contaros un día la historia de una flamenca a la que le ha llegado el momento de volar. Sus alas han recuperado envergadura y a punto está de echar a correr, correr, correr… para impulsar ese vuelo hacia su lugar recóndito. Acaba de mudar sus plumas y está preciosa: esbelta, sublime, concentrada y maravillosamente rosa. Algún día, quiza pronto, me lance y cuente...

2 comentarios:

Mentxu Ramilo Araujo dijo...

Qué grande eres, flamencarena!!! No habrás buscado la información en Wikipedia? Mil besos de marmota (luego miro sus características)

Macarena dijo...

Jajajaja... ¿Flamencarena? Tu creatividad no tiene límites #metroncho. ¡Oye! ¡Igual sí que había que hacerle una entrada en Wikipedia a la flamenca! Jajajaja... Me rindo ante tu genialidad, querida.