Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Veo

Leo el título de mi última entrada y me dan ganas de echarme a llorar. Ya decía yo que no había tanta buena gente como creía en el cúlmen de mi inocencia, pero es que resulta que hay poquísima, poquísima.

Estamos en plenas navidades y se supone que el buenismo campa a sus anchas por los corazones. Pues menos mal, porque en los últimos días a mí la vida solo me regala putadas. Bien es cierto que comparadas con otras cosas que también están pasando en estos mismos días, las que me han ocurrido a mí tienen una importancia menor. Pero me preocupan.

Me preocupan en tanto en cuanto me ofrecen una fotografía desoladora de nuestro tiempo. En este siglo XXI yo veo gente que no es persona sino individuo que conforma masa humana. Veo grupo social que oprime a lo pequeño, a lo sencillo, a lo frágil. Veo valores que agonizan cada minuto que pasa. Veo personas a las que admiraba, perder brillo en baños de vanidades. Veo también personas que envidian y se miden sin descanso con otras. Veo intrigas que buscan alimento y veo regocijo en el destape de errores ajenos. Veo gente que enciende una tele y rompe el silencio que alguien paladeaba.

Veo empequeñecerse la esperanza en hombres y mujeres que un día se sintieron fuertes para trabajar por mejorar este mundo. Y veo gente a la que nunca le tocan lo suficiente los demás. Veo personas a las que su trabajo no permite cubrir necesidades básicas y veo también a las que ni siquiera lo tienen. Y veo un poco más lejos la guerra y la miseria y, aquí cerca, también el abuso y el poder.

Veo niños y niñas maleados por la no vida que ofrecen las servidumbres materiales. Veo madres que no encuentran la salida porque sienten que no tienen derecho a buscarla. Veo gente que sufre porque no se siente amada ni cuidada ni necesaria. Veo a la enfermedad arramplar con todo y veo a la vida mirarme con desilusión.

Veo tiempo perdido y dolor por los rincones. Veo los sueños deshidratarse y mermarse. Veo un no retorno de destrucción consentida y de no mirarse a las almas.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La buena gente

En un momento vital en el que la desesperanza me ronda, de pronto no me queda otra que reconocer la fuerza regeneradora que aporta la buena gente.
He compartido tres días con hombres y mujeres con las que creo que podría irme a cualquier parte. Lo tienen todo: inteligencia, formación, capacidad de comunicación, humanidad, generosidad, sentido del humor y un máster en calor; ese calor que prende con el contacto de un abrazo y crepita en un espacio común donde se hablan y reconocen las almas.

La buena gente consigue hacerme sentir que puedo aunque yo ya sepa que no. La buena gente ve de una lo mejor y hace que me sienta importante y necesaria, aunque yo esté tan cansada o sea tan cobarde que no me la juegue con un paso al frente.

Estos días he compartido visiones, pareceres, aprensiones, resistencias... con personas que no piensan como yo. Y qué fácil hubiera sido que no me hubieran ganado el corazón.

Nos han contado recientemente que la auténtica alianza se construye sobre verdad y la verdad hay que perseguirla trascendiendo la incomodidad que todo desencuentro provoca. Estos días he escuchado a diestro y siniestro, planteado contextos posibles que podrían desarmar las desconfianzas en uno y otro sentido. Hay posiciones que se han movido. Algunas. Un poco. Quiero pensar que esos ladrillos que se han desprendido de la muralla, puedan ser primeras piedras de un puente que si no va a servir para el diseño de un proyecto común, sirva al menos para reparar daño y sanar algunas de las heridas abiertas de mi buena gente.

Hay buena gente en muchas partes. Siento que son menos de las que creía (mi desesperanza no hace demasiadas concesiones). Pero yo tengo mucha suerte porque conozco un buen puñado de hombres y mujeres que me hacen sentir que no está todo perdido.

A toda la buena gente que se ha hecho un hueco en mi corazón, gracias por tanto.