Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 29 de enero de 2015

La mariposa

Una vez, de niña, me perdí por seguir el vuelo de una mariposa. La quería para mi padre. La mariposa hizo conmigo lo que quiso y se lo debió pasar en grande alejándome del juego de mis hermanos y de mi madre, que pasaba las mañanas de "caza" de mi padre haciendo punto. O tal vez fue que la mariposa quería enseñarme su monte. O tal vez, que simplemente me faltaba conocimiento para calibrar el riesgo de perseguir la belleza sin ir anotando referencias visuales por el camino. Pretendía atrapar entre mis pequeñas manos una mariposita azul y mantenerla aleteando, para enseñársela a mi padre.

Ahora que soy mayor me espanta la idea de retener un bichito libre para mi mero regocijo estético. Los años nos van cambiando.

Parece mentira, pero aunque estamos terminando enero, hace mucho frío y llueve... yo veo mariposas tras las que podría ir. Ya no son azules ni pequeñas ni las quiero para mi padre. Ni me interesan. Ahora sé que si les sigo el aleteo me pierdo sin remedio. Así que miro para otro lado, abro el paraguas, esquivo los charcos embarrados y siento una dolorosa nostalgia recordando a aquel señor que me encontró por el monte. A ese buen hombre que llevó a una niña perdida junto a su padre y que junto a él fue hablando de mi travesura hasta llegar a donde me esperaba mi madre. "A fin de cuentas, piense que la niña se ha perdido, por conseguirle a usted una más para su colección". No hacía falta que me cubriera, porque mi padre no me riñó.

Recuerdo este cuentico de mi infancia, que tanto les gusta a mis hijas, porque la madrugada me ha sacado de mi ligero reposo al escuchar una voz "¿Pero dónde estabas?". No sé quien me llamaba ni por qué o para qué me reclamaba. Pero en ese abrir los ojos en medio de la nocturnidad, en la que realmente no ves nada durante unos segundos, aleteaba y coqueteaba conmigo una mariposa.

viernes, 16 de enero de 2015

Desaparecer

Hay días que son de que no. No aciertas con nada. Metes la taza del desayuno en el lavavajillas y estaba todo limpio; pero coges el trapo para secarte y está calado. Ni qué decir tiene que del rollo de papel absorbente (plan B) sólo queda el rulo (la mía es una familia como las demás). Todas las respuestas que das son incorrectas, el remolino del pelo se rebela, la falda se te gira con el bolso, sacas el paraguas de palo y se ha parado el viento, el WhatsApp te hace pensar en que la muerte es tan natural como la vida, se ha acabado el pan de media cocción y sólo tienes ganas de encontrar la puerta de emergencia secreta y desaparecer.

Lo malo es cuando los días son semana y la semana busca arrope en su mes y su mes en su año. Y te levantas una mañana diciendo "Qué asco de año!". Pero no te engañes: no es el año; eres tú. Y acaba de empezar! Es como cuando el trinomio pijama-bata-calefacción no te amilana para decir "No hace frío en casa? Pues no: el frío está en tu interior.

Estoy pelada de frío. Por dentro y por fuera. Hoy he paseado con mi perro bajo una tímida lluvia de aguanieve y en la radio han dicho que mañana va a nevar en Madrid. Y yo sin inmutarme. He dejado de odiar el invierno y he traspasado todo mi desdén al frío. Al frío en general: al que siento en invierno y en primavera y en verano y en otoño. Las trampas que se trae esta ciudad con las estaciones ya no me irritan. No me gusta la ciudad ni nada de lo que tiene. Porque cuando estoy aquí siento frío y cuando me voy, de repente ya no.

(Enlace con la canción que me sugiere Gerardo en su comentario).

jueves, 8 de enero de 2015

Entrevista en el blog "De Vitoria y vitorianos"

Esta entrevista fue realizada por Asela Ortiz de Murua y publicada el pasado 6 de enero, en el blog "De Vitoria y vitorianos".

Podéis leerla aquí si os apetece:
Macarena Domaica: bicicletera y activista a tiempo completo.