Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

martes, 25 de noviembre de 2014

El día de los datos de la violencia machista

(Post publicado en la web del partido Por un Mundo + Justo (M+J), con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer)


Hoy los datos se ponen seguidos de comas en los textos y las crónicas radiofónicas y televisivas. Datos que hablan de mujeres víctimas de hombres. Datos que pintan el horror de una injusticia estructural: la tolerancia social a la dominación masculina que ha hecho posible que el desarrollo social, cultural y político no haya tenido en cuenta a las mujeres.

El patriarcado ha ofrecido y ofrece un marco para la violencia machista en todas sus formas. Violencia machista es cuando un hombre asesina a una mujer. Pero también cuando la maltrata, abusa, insulta, veja, empequeñece, limita, controla y cela. Todas estas formas de violencia atentan gravemente contra la dignidad y la integridad física y moral de las mujeres y, en consecuencia, constituyen una flagrante e intolerable violación de los derechos humanos; la más habitual y que afecta a un mayor número de personas, a mujeres y niñas de todas las culturas y clases sociales. La discriminación que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo es un escándalo universal.

Miguel Lorente, ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género propone un ejercicio ilustrativo: "Imaginemos que hubiera un colectivo en el que pasara algo similar: 60 taxistas asesinados cada año, o 60 profesores... Sería inadmisible. Sin embargo, cuando hablamos de violencia contra las mujeres aún somos permisivos. Criticamos solamente lo excesivo y permitimos que siga normalizado todo lo demás”. Dice Lorente que “la violencia de género es una especie de guardián del orden patriarcal establecido”. La violencia machista es estructural y ello hace que a su alrededor surjan argumentos para justificarla. “No se visibiliza porque ocurre en un ámbito íntimo. No es una violencia externa que altere las normas de convivencia, como lo hace el terrorismo; sino consecuencia de un rol asignado al hombre que le atribuye una posición superior a la mujer, que le legitima para someterla".

La sensibilización de la sociedad en su conjunto es clave. No podemos permanecer indiferentes, porque la impasividad tiene gran parte de responsabilidad en esta lacra social.

Las primeras señales
La actual delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Blanca Hernández, llama la atención sobre la importancia de identificar cuáles son las primeras señales de los malos tratos, porque “las lesiones más graves, empiezan con actitudes poco igualitarias". Más del 20% de las adolescentes sufren control abusivo, principalmente a través de las redes sociales o del teléfono móvil. Mensajes como el que los celos son una muestra de amor, o la complacencia en que los chicos salgan con muchas chicas, pero no al revés, alertan del riesgo de violencia machista en cualquiera de sus formas.

Ahora sí, datos.
Aunque lo importante son las personas a las que refieren los datos, no cabe duda de que esos números de la vergüenza apoyan la denuncia y el clamor por la implicación de todos y todas en la búsqueda de soluciones. Según datos aportados por el CIS, 755 mujeres han sido asesinadas en España en la última década. En este año 2014, suman ya 43 las mujeres muertas por sus parejas. Alrededor del 80% de las mujeres que sufren maltrato no lo denuncian a la policía. Aun así nuestro país registra al año unas 140.000 denuncias por delitos o faltas relacionadas con la violencia machista. Ningún otro delito tiene sobre sí una sombra tan grande sobre la existencia de denuncias falsas. Y sin embargo, sólo el 0,018% lo son; el porcentaje más bajo de entre todos los delitos del Código Penal (dato de la memoria de la Fiscalía General del Estado).

Si miramos a otras partes del mundo, datos, datos y más datos indignantes evidencian la urgencia de abordar con compromiso y eficacia en el ámbito mundial, el problema de la desigualdad y la violencia que trae consigo.
  • En la Unión Europea una de cada 10 mujeres ha sido víctima de algún tipo de violencia sexual desde los 15 años de edad y 1 de cada 20 ha sido violada.
  • Cada hora, 48 mujeres y niñas son víctimas de la violencia sexual en República Democrática del Congo.
  • En la India, en 2013, fueron matadas 27 mujeres al día por motivos relacionados con la dote.
  • En Sudáfrica, cada seis horas una mujer es asesinada por su pareja.
  • En Honduras, 600 feminicidios ocurridos durante 2013 quedaron impunes. 
  • Entre 500 mil y 2 millones de personas son víctimas de trata; un 80% de esas víctimas son mujeres y niñas.
  • Más de 130 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la ablación genital en África y Oriente Medio.

#BastaYa #NomásViolenciaMachista #MachismoMata

domingo, 2 de noviembre de 2014

Puntitos

La gente en general tiene siempre un puntito. Un puntito listo para ser colocado en una "i" de terceros. No es nada práctica esta afición: genera tensión, respuestas a la defensiva, malestar, nudos en el estómago, salidas de tono... Depende de quién lleve la "i" en cada puntuación.

Vas a cambiar un pantalón nuevo porque la cremallera se baja... y la dependienta te dice si no será que te queda pequeño... Le dices a la cajera que te faltan vueltas porque le has dado uno de 20€... y te responde, por de pronto, que acababa de fijarse en los billetes de 20 que tenía y que cree que no; y a ver si te achantas. Vas a una zapatería pidiendo unos botines con unas determinadas características... y no se limitan a decirte que no tienen; se lanzan a la piscina y te aseguran que lo que buscas no lo vas a encontrar. Vaya. Te quejas porque alguien no te ha dado un recado importante y hay otro alguien que recuerda aquel día en el que se te fue el santo al cielo y dejaste algo sin hacer. Planteas una cuestión creyéndote en confianza y recibes un maquillado "Zapatero, a tus zapatos" que te descoloca para una larga temporada. 
Cosas así ocurren todos los días y en todos los niveles de relación. Se ve que nos mola ese escaloncito de más que nos permite verle "el cartón" al prójimo.

Tendríamos que plantearnos hacer una apuesta seria por la paz; por la armonía, por la templanza, por las miradas con mejores ojos. Tenemos al mundo enfermo de injusticia e insolidaridad, tenemos tantas tiritas a nuestro alcance que poner... Y en lugar de estar repartiéndonos los apósitos nos desgastamos en romper la convivencia con incontinencias verbales que poco aportan y actitudes que nos mantienen a salvo de un inquietante examen de conciencia. Nos cuesta tanto reconocer la inocencia de quien no pretendió ofendernos, volver al punto donde la lana empezó a girarse y deshacer una fila entera del derecho y otro tanto del revés. Nos cuesta también reconocer la valía a quien se llevó aquello que habíamos deseado tanto. Como nos cuesta ver inteligentes, buenas, hermosas a quienes nos sustituyeron en el corazón de otra persona. Sentimos la imperiosa necesidad de poner en su sitio a quien tuvo la osadía de incomodarnos y nos parece que así nos quedamos a gusto, más anchos que largos. Y qué va.

También yo tengo mi puntito en la recámara para dispararlo con tino sobre alguna insolente "i" descabezada que acabará por cruzarse en mi camino. Pero cada vez que lanzo puntito, en el mismo instante en el que inicia su trayectoria hacia el objetivo, yo ya me doy cuenta de que lejos de quedarme más ancha que larga, la rigidez se instala en la parte de mi estómago donde van a purgarse mis malas obras. 

Sentirse ofendido es un derecho. Pero es también una trampa profunda que te atrapa donde más duele: en las inseguridades. Me parece muy difícil salir airoso de ese mazazo a la autoestima, por otra parte, tan cotidiano. ¿Soy yo la única que se autoviolenta con juicios sumarísimos y severas sentencias? 

Así que... ahí tenemos la caja de puntitos para desquitarnos también con quienes tan alegremente nos lastiman (o eso nos parece). Pero no creo que así mejoren las cosas. Porque si me siento mal y devuelvo mal, alimento a la bicha del desencuentro y torpedeo la esperanza de la reconstrucción que tanta falta nos hace.

Tengo un puntito colocado en una potente "i". Lo sujeto con firmeza desoyendo la voz que me pide aflojar. Lo sujeto porque me escuece demasiado y no me deja pensar con claridad. Pero en el fondo sé... que es más importante la forma.