Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Llega la Navidad

Ya hace meses que voy diciendo a los prejuiciosos del uso de las redes sociales que todo pasa en Twitter. Y lo digo porque es verdad. La Navidad también ha llegado a Twitter, que sí, que sí. Bajo el tema #estanochebuenasevaaliar he descubierto que son muchos los hogares que tienen pollo asegurado en Navidad. Y no hablo del capón: hablo del santo pollo, de la bronca, del cisco, de la “movida de todos los años”… Jajaja…

Este hallazgo sociológico me ha hecho sentirme parte de este nutrido grupo de familias que esperan con ilusión la llegada de las fiestas navideñas y en cuanto llega la Nochebuena, se les difumina el entusiasmo. Qué bonita esa cocina en la que no cabe un alfiler: fuentes por doquier, marisco, embutido, el huevo hilado… ¡y las dos bandejas de turrones y demás dulces navideños que hacen tan peculiar nuestra familia nuclear de origen! Adultos que se vuelven Gulliveres para una madre a la que no le alcanzan las manos, pero le sobran viandantes en su, de pronto, minúscula cocina. Y que se acercan las diez de la noche y faltan comensales… Y el que tiene hambre empieza a soltar frescas y amonestaciones a los ausentes por su impuntualidad. Y aumenta la tensión ambiental… y Raphael ya canta… y los pollitos, los cerditos y la palomita que reposa encima del portal de Belén, se caen una y otra vez sobre la capa de musgo inestable, con cada airoso viaje cocina-comedor-comedor-cocina. Ya está aquí la Navidad.

Y la madre, al fin, se sienta. Sin hambre. Está cansada, está nerviosa. Porque lleva todo el día como loca, porque nos juntamos un montón y casi no cabemos, porque esanochebuenatambiensehaliado, como cada año… Se toma unos minutos mientras se bendice la mesa y se abre la botella de vino y de repente, sonríe: “qué familia más bonita tenemos ¿verdad? Os veo a todos tan guapos…” Ya está aquí la Navidad.

Mamita: no leerás esto, pero es mi homenaje.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Un par de cosas y alguna más

Hay un par de cosas que una debe callar en este pueblo nuestro para que no le miren raro, como con desconfianza. Si una desea sentirse parte de la comunidad no debe decir nunca lo siguiente: que no te gusta el monte y que no ves "El conquistador del fin del mundo" (El Conquis, que le llaman).

Y a mí es que el monte, no. Subir a Olarizu una tarde de septiembre y hacer la gracia con las zapatillas de trecking, vale (de la última bajada guardo aún un derrame en la uña del dedo gordo del pie derecho). Pero eso de salir de mañanita, con la rasca; subir y ahogarse en directa proporción; morirte de calor por la incapacidad manifiesta de adaptar ropa a circunstacias climáticas cambiantes y trincharte un bocata de tortilla de patata que multiplica por dos las calorías quemadas en el reto precedente... no encaja con mi concepto de aprovechar el domingo. Llámame floja, pero a mí lo que me pide el cuerpo el domingo es dormir -criaturas mediante- y despertarme y decir: un poco más. Porque es que yo llevo ya varios años en los que tengo siempre el tanque de sueño marcando la reserva.

Qué bonito el monte en las postales, madre. ¿Y los montes nevados? Buah: en los libros de fotos, emocionan. Me contaba un amigo mío de la Universidad (éste sí que llevaba la montaña en el alma) que cuando alcanzas la cumbre de uno de estos picos que tocan las nubes pero bien, se siente uno pequeñito, pequeñito y que lo que se experimenta es un abrazo de paz. Ya será. Cada uno hace lo que puede en la vida y yo la paz la consigo cuando me tumbo en mi lado de la cama y hago el aspaviento que me reconcilia con la rutina: ahhhh.

Y qué decir del Conquis. Es que no sé ni de qué va, pero cada vez que he dicho que no lo veo me he sentido como en el supermercado: desbordada por mi desconocimiento supino de la materia. Sin embargo, lo que me encanta es "Más allá de la vida", oye. Que Anne Germaine me parece lo más, diga Santiago Segura lo que diga. Yo me lo trago todo. No acepto conjeturas de entrevistas previas ni guiones establecidos en la grabación del programa. ¿Qué daño hago yo con esto? Si yo no digo nada porque os guste el Conquis, ¿por qué me queréis quitar la ilusión de pensar que hay gente que devuelve la paz a determinadas personas que sufren la pérdida de seres queridos?

Bueno, bueno y ya que nos ponemos a hablar de tele, mención especial para el programa "El juego de tu vida". No sé si aún lo emiten, porque hace tiempo que no me lo he encontrado por ahí... Pero ese enemigo de la convivencia social tiene un poder ingente sobre mi persona. Si me topo con él me imanto. No puedo dejar de verlo: yernos que afirman que sus suegras les parecen feas y sucias, currelas que asienten que han mangado en la oficina todo lo que han visto a su paso, hermanas que se han beneficiado al cuñado, macarras que han sodomizado a su colega de toda la vida pa probar... La gente va y acude a ese programa para que le saquen to lo negro de su existencia y se va, en el mejor de los casos, con un montón de pasta y el rechazo de todo quisqui que le ha rondado en la vida. Y yo, mientras asisto (cómplice de Enma García, lo sé) a esta debacle no dejo de sufrir y de exaltarme diciendo ¡no contestes a eso! Y en el aire, dos palabras: ¿por qué?

Sospecho que daría igual que esta tropa de descerebrados de El juego de tu vida hagan monte o vean el Conquis. La única esperanza de participación social para ellos es hacerse una campaña de imagen y convencer al personal de que son actores con guión, como pasa en muchos programas. En muchos, pero en otros no, ¿eh?: dejénme fuera de estos chandríos a mi medium de Más allá de la vida... Chitón.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La cumbre del wáter

Hoy debo contaros algo. Algo vivido en primera persona hace muchos años. Os hablaré del niño del water.

El niño del wáter era un chaval al que la vida quiso mirarle de lado. Tenía una madre con un concepto peculiar de la organización del espacio doméstico. A esta madre siempre le pareció que a su casa le sobraba un wáter. Pero ella no se amilanó ante esta contrariedad y sacó pecho a la adversidad: plantó una mesa, una silla y un flexo allí donde un laborioso albañil se tomara la molestia un día de colocar un lavabo.

Todo pudo haber quedado en un secreto de familia, pero hay gente que no tiene pudor alguno en mostrar sus pecadillos y, de paso, sacar los colores a menores de edad a los que la ley protege, pero algunas madres no tanto. Es en este momento de la historia de nuestro país, en el que emerge un nuevo superhéroe: el niño del wáter.

Ha llegado la hora de haceros saber que YO estuve allí: en el wáter, sí; con el niño, sí. Dos veces por semana, sentada junto al niño, intentando transmitirle mi sabiduría en matemáticas de 5º de E.G.B. y lectura comprensiva. Los aperos de enseñanza apoyados sobre el exlavabo; tras de nosotros, una bañera y a mi derecha… el wáter. Muy limpio, eso sí. Decía la madre, muy gallarda ella, que a su niño no le valía la vieja excusa de "me levanto de los libros porque necesito ir al baño…" ¡Mujer de Dios! Que es tu hijo: el fruto de tu vientre.

Rescato una noticia de la prensa, para hacer pública mi rendición: hay gente por el mundo, sobre todo gente china, como veréis, a la que el wáter y todo su mundo, le parece la monda. Yo, cada vez me siento menos de mi tiempo, la verdad. Ahí que va el titular: La isla china de Hainan acoge la undécima Cumbre Mundial del Lavabo. Y dice la noticia: "se espera que el mundo una sus fuerzas para crear un mejor planeta con lavabos saludables, cómodos y limpios", aseguraba el fundador de la Organización Mundial de los Lavabos (WTO), Jack Sim. Once cumbres del wáter soporta este mundo nuestro ya. Yo no digo nada...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una carta de puño y letra

Hace unos días escribí una carta de puño y letra. Una carta a un ser querido sobre papel y trazo de tinta negra irregular, personal.

A mí me sigue gustando desenvainar mi pluma y transcribir el dictado de mi cabeza: a trompicones, tal y como vienen las frases a mis dedos; en bruto, sin limar. Me gusta tachar sin contemplaciones lo que, decididamente, no va. Y encajar la palabra que echaba en falta, en medio de otras dos. Y así, como se tricota un jersey, una fila del derecho y otra del revés, componer el texto y reducirle la forma, allí donde mi gusto lo requiera.

Fue un placer escribir esa carta; contar lo que contaba con la certeza de que no queda copia en ninguna parte. Saber que la tiene quien debe: un ser querido a través de quien obtuve el placer de rubricar con mimo aquellas sentidas líneas.

Recibir una carta de puño y letra recuerda que alguien te quiere; alguien que ha quebrado la blancura de un folio para despertar tus emociones, buenas, malas; intímas, en cualquier caso.

Una carta de puño y letra es un bonito regalo: a tu nombre, con sobre y sello, con fecha y lugar, márgenes alterados e interlineados imprecisos. Una carta de puño y letra se guarda en un cajón, junto a otras. No hay bandejas a la altura de una carta de puño y letra.

viernes, 18 de noviembre de 2011

La abuela Pilar

Dentro de unos días se cumplirán tres años del fallecimiento de la abuela Pilar. Mi chiquitina, que sólo tenía dos años cuando su abuela murió, ayer la estuvo recordando y sintiendo más que nunca su ausencia. Es extraño, porque ella era muy pequeña y es difícil que conserve recuerdos con la mamá de su papi, que la llamaba ¡trastillo! mientras le palmeaba el paquetón del culete. Seguramente su recuerdo se compone de los nuestros y de los de su hermana; pero sea como sea, ayer Olarizu sintió la pena irremediable de no poder ver nunca más a la abuela Pilar; no podía dormirse, porque pensaba en ella y se ponía triste… Así que le puse en la mesilla una foto de la abuela, junto al abuelo, sonrientes los dos en una playa de Ibiza. Y se quedó tranquila.

Me quedé pensando en esto. En la manera en la que algunas personas se van y otras no acaban de hacerlo. Me pasa, todavía hoy, con la abuela Pilar: que me parece que va a aparecer en cualquier momento y la voy a ver recolocando con el pie la alfombrilla del pasillo. La visualizo sentada junto a su marido, frente a la tele, abrazando a su nieta Violeta, acoplada perfectamente a su arrullo; en silencio, las dos. Tan agustito, las dos.

Con su muerte, Pilar me dejó un vacío inesperado. Nunca tuvimos una estrecha relación ni fui consciente de su consideración más allá de una relación natural entre suegra y nuera. No sabía que le quisiera tanto hasta que se marchó y tuve la certeza de que ese hueco en la mesa de la cocina, en el sofá del salón, en la plaza de Baltanás… no podría llenarse nunca. Ella no era como yo. No participaba de afectos explícitos, ni los demandaba; era de presencia austera, discreta, silenciosa, castellana… Pero no se le escapaba una. Controlaba a todos los suyos, los protegía y los cuidaba por encima de todo; sin que se notara, sin alborotar, pareciendo en todo momento como que no.

Tengo un nítido recuerdo de su emoción tras conocer el futuro nacimiento de Violeta. Al fin, un bebé en la familia, después de muchos años. Un bebé que le devolvería la ilusión por el día a día, anclada como estaba en un duelo de los duros, de los que no se comprenden bien. Después llegó Olarizu, su quinta nieta; la chiquitina que le cantaba, para su regocijo, que se habían “acabao las siestas de sansemín” (las fiestas de San Fermín). Y aunque a mi, en vida, se me escapara esta certeza, lo cierto es que la abuela Pilar era muy grande.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El cafelito

Mis niñas están que se salen. Lo de venir a casa a comer a mediodía las tiene inmersas en una burbuja de satisfacción que me contagia. Salen corriendo de clase, como sin creerse que al fin se haya hecho realidad: a casa con mamá. Corretean de aquí para allá al tiempo que intercambio saludos con otras madres, padres, abuelos y abuelas. Y cuando llegan a casa, se ponen a jugar juntas mientras apaño la comida. Las oigo cascabelear por aquí y por allá y me encanta.

Los nuevos mediodías transcurren cotorros. Se quitan la palabra la una a la otra mientras comemos y yo disfruto recopilando información, tantas veces silenciada por el cansancio o, simplemente, el olvido, después de tantas horas.

Ayer, después de comer, un elemento nuevo entró a formar parte de nuestro bodegón: “Queremos un cafelito”. ¿Un cafelito? “Sí. Un cafelito, que nos encanta”. Javier les dijo que también tenían incluido con el menú un purito y un chupito de licor…

Así que les puse una jarrita con café descafeinado y otra con leche. Era para verlas: echándose un culín de cafelito en la tacita y rellenándolo con leche. Azuquítar… y allí estaban: mis dos monillas, en pleno auge de satisfacción vital, tomándose a cucharaditas el cafelito.

Momento impagable que rescata la sonrisa y oxigena el alma.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mi calle ancha

La calle con la que sueño es ancha y solitaria. Asoma el sol. Claro: sin sol, adónde.
Oigo pajaritos y mis pisadas. Voy sola, sin prisa, sin destino ni listado de tareas en mi cabeza. Tengo un poco de frío. Pero pronto se impondrá un espléndido día; así que no importa.

No echo en falta a nadie. No, de momento. Pienso en mis hijas y no las añoro; de momento. A quien echo de menos es a mí. Demasiado tiempo corriendo por las calles estrechas de la ciudad, mirando los relojes de las farmacias, sintiendo que esta vida no está a mi alcance, llevando las notas a casa para que unos y otros me las firmen.

Me ahogo. Pero no pienso llorar. Ni voy a hablar. Por algo no hay nadie en mi sueño. Estoy en mi calle ancha sintiendo un poco de frío, soledad, vacío y libertad.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Noviembre

No ha parado de llover en dos días. Hace unos meses hubiera echado llamas de fuego por mi boca. Era el mes de julio y no tocaba nada de lo que nos procuraba un amanecer tras otro. Pero ahora es ya noviembre.

Llueve sin tregua y no me molesta. Me gusta la lluvia en esta época del año. La siento contra los cristales de casa, tintineando en los parabrisas del coche, salpicando mis botas. Me da paz esta lluvia tan limpia, tan segura de sí. La tierra pide agua. Agua y más agua para la tierra.

Septiembre se coló en mis días desnudo de ilusiones. Siguió el mes de octubre sin la espera de la llegada de un día marcado en rojo. Noviembre me ha devuelto las ganas de guardarme; de la lluvia, del frío, de algunas personas, de malas prácticas, de las eternas trampas que me pongo a mí misma. Está sucediendo ahora el final del verano: sin dramas; con satisfacción por su dilatada presencia.

Y pesar de ello, este noviembre, como todos, me parece un mes que se paladea triste. Noviembre me sabe a duelo y a días repentinamente breves. Noviembre me da sueño, me quita las ganas; arroja un adelanto del invierno que nunca me viene bien. En mi vida anterior debí ser ave migratoria y algún desarreglo del espacio/tiempo me dejó atrapada en el norte del país del sol. Así paso la mayor parte del año con la nostalgia del emigrante, en mi propia tierra.

Me resulta duro despedirme del sol y el calor pero no puedo zafarme y noviembre empapa mis horas, mis días, mis planes, mis miedos, mis sueños. Noviembre me sabe a duelo y a días repentinamente breves.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Objetivo imposible: que no se note

No me gusta nada la pelu. A mi hermana pequeña tampoco le gusta la pelu. O sea que no estoy sola en esto: la pelu no mola.
Este mediodía he estado en la pelu: “¿Qué te vas a hacer?”. Música de película de Hitchcock en mi cabeza: “A ver qué vas a entender de lo que yo te diga”, pienso. Pruebo: “Arreglarme un poco el corte”. Aumenta la tensión ambiental tras la pregunta que sigue: “¿Te vas a peinar?”. Mi respuesta es inmediata: “No”. “Te peino lisito, entonces”. Bueno, yo no he dicho eso tampoco y entonces cometo el gran error: “No. No quiero planchas; lo suelo llevar muy natural. Secador y como caiga”. “Vale”, dice ella: “Le damos un aire y listo”.
El aire. Un cuarto de hora después hay una tía sentada frente al espejo que no soy yo. Tiene un aire, eso sí. Dios mío, ¿por qué? Hubiera estado infinitamente mejor, lisito.
En estos momentos, echo en falta tener un poco más de arranque para decirle a mi estilista: “Oye, que es que así no me veo. Bájame el aire”. Pero no puedo. No me sale. Me da apuro pedirle a la peluquera que deshaga su trabajo y trago. Y sonrío, además. Yo soy así. Soy amable. Me gusta que se sientan satisfechas con lo que han hecho. A pesar de lo que han hecho. Quizá ellas tampoco saben freír pollo y darme un aire sea su pasaporte a la dicha…
Así que pongo cara de “me ha quedado superbien el pelo y fíjate qué brillo”, pago, doy las gracias y salgo corriendo hacia El Corte Inglés. Y empapo. Empapo bien mis cabellos y aplatano. Aplatano ondas varias, trabajo de puntas y ahuecamientos superiores. Me paso el peine de bolsillo y adquiero ese aspecto extraño que se apodera de mí cada vez que voy a la pelu: que no se sabe si voy o vengo.
Recupero esa frase final de mi peluquera: “Que se note el toque de pelu, ¿no?”. Ahí. Ahí radica el desenfoque de todo el planteamiento. Cómo olvidar el estilismo de Patricia Krauss en el Festival de Eurovisión del año 87. Seguro que pidió que le peinaran muy natural, pero es que esta gente te la lía y te la lía.

martes, 1 de noviembre de 2011

La experiencia de freír pollo

“Cuando fríes pollo, te sientes satisfecha con la vida”. Minnie, en “Criadas y Señoras”. Afirmación de mi esposo: “Es así. Tú no lo sabes porque nunca has frito pollo”. Demoledor. 

Así que lo que necesito es pollo y coraje para plantarme frente a la vitrocerámica. Una dosis extra de satisfacción no me vendría mal en estos días. Así que pienso: hay que hacerse con un pollo. ¿Cuánto cuesta un pollo? Pongamos que sea un pollo de corral el que salte a mi todoterreno bolsa de tela de El Corte Inglés. Ya que me meto en harina, que no sea porque la materia prima no ofrecía posibilidades.
Ya tengo pollo. ¿Me lo trocean o tengo que apañarme yo con el cuchillo nuevo de cerámica que corta hasta el rollo?
Tengo el pollo troceado. Sazono. Paso con nota esta prueba. Empuño la botella de aceite y ¿Dios mío? ¿Cuánto echo? Bah: un chorretón. Temperatura máxima y espera paciente… Me estoy jugando sentirme satisfecha con la vida. ¡El delantal! ¡El delantal! Me apaño el delantal. Me veo exótica, oye. Como de carnaval. No me había puesto uno desde mi despedida de soltera.
El aceite humea. Bajo la potencia: ha llegado el momento de echar el pollo y alcanzar con ello el clímax anunciado por Minnie. Lanzo el primer trozo de pollo como a un metro de la sartén, porque soy madre de dos criaturas que aún me necesitan mucho. ¡Mierda! ¡Cómo salta el pollo! Ay, ay, ay, que chisporrotea, ay, ay, ay… ¡Una tapa! ¡Una tapa, por Dios!... ¡Una tapa! Cojo una. ¡Es pequeña! Y se queda dentro de la sartén asfixiando el pollo y dotando de todo su sentido a la bola agarradero. Pruebo con una tapa más grande. Tan malo el defecto como el exceso. Busco otra tapa. El trozo de pollo se chamusca ajeno a mi loco y desesperado cacharreo, así que antes de colocar la tapa correcta (ejercicio de formas y volúmenes recomendado para bebés de entre 6 y 12 meses) rescato el trozo de pollo. Como un tizón, el pobre. Y una humareda…
Se me han quitado las ganas de seguir metiéndome en jardines que no me son propios. Pisar la luna debió producir una satisfacción similar a la de ser capaz de freír pollo, pero tanto una experiencia como la otra, están fuera de mi alcance.
Mi momento “satisfecha con la vida” habrá de venir por otros caminos. Y si soy sincera, he de reconocer que esto es sólo un arrebato que me permito, porque en realidad lo que tengo es mucha suerte y muchas razones para sentirme bien. No obstante volveré a intentar lo del pollo, porque ahora sé que podría haber salido bien si hubiera tenido preparada la tapa correcta. Va a ser eso: la clave del éxito va a estar en tener a mano la tapa por si la cosa salta… Cuánto tenemos que aprender del pollo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Jueves de chachas

Esta entrada está dedicada a Alicia. Alicia es la suegra de una comadre y es justo decir que Alicia es lo más.

Nos batíamos en retirada en la tarde de ayer a hora temprana, para abordar ejecución de tareas escolares y asuntillos domésticos varios, antes de nuestra programada cita de chicas. “¿Salís hoy? ¿Jueves? ¿Cómo las chachas?” Jajajajajajaja… Ahí le has dado Alicia: como las chachas. Jajajaja…

Un rato después, nos encontrábamos las cuatro frente a la cartelera del cine, deliberando. No queríamos ver películas de niños que sufren pesadillas, porque somos madres; no queríamos ver películas de hombres que asustan a mujeres que duermen, porque somos madres y muy bien, muy bien, no dormimos. Almodóvar ya sólo se pasea a horas tempranas y como somos madres, nos pilla en el parque. Esto me lleva a la conclusión de que cuando una es madre hay muy pocas pelis que pasen los filtros. A pesar de eso, a pesar de nuestras aprensiones hubo una película que se nos coló, pasando el filtro con holgura, ufana y desafiante. Y ya no podemos decir que seguimos siendo las mismas. Tentación en Manhattan es una mierda de película. Sin paliativos.

Nos llamó la atención porque la sinopsis (alguien debería prohibir este parrafito odioso que o te destripa la película o se la inventa para llevarte al huerto). Decía que nos llamó la atención la sinopsis de sin par peliculón porque nos servía en bandeja la batalla de la madre malabarista. Los jueves de chachas tienen su sentido y finalidad en forzar un espacio y tiempo para venirse arriba: Tentación en Manhattan podía ofrecernos eso. ¿Podía?

No. No podía. No debía. El viento soplaba en contra en los Yelmo Cineplex. Vodafone nos hizo abrir boca con un espeluznante anuncio de seres humanos en gayumbos de todas las tallas, porque es que este operador ofrece tarifas adaptables a todos los paquetes. Desolador cómo está el panorama de la creación publicitaria. Pero lo peor estaba por venir: Sarah Jessica Parker se subió de nuevo a sus tacones, cogió la cartera de piel, nos presentó a su marido y a sus dos hijos y empezó a rascarse la cabeza como una loca, porque una madre trabajadora sin piojos no hubiera sido creíble.

Y a partir de ahí, la repanocha. Mujer trabajadora que no puedes con la vida a qué te metes a jugar a ser un hombre. ¡No ves que se pierde una mujer, con la tontería! Podría entretenerme y entresacar con saña los mensajes demoledores de esta cinta, pero es que me da una pereza… Sólo una escena: culpa atroz de la madre laborante que no ha oído/visto las veinte llamadas de su marido intentando comunicarle que su niño de dos años había tropezado y caído, un poco, por la escalera. Escena rodada en el mostrador de un presumible Urgencias, niño tronchándose, madre desolada desubicada y padre garante del valor de la familia: “tu hijo se ha caído por la escalera y tú no estabas allí”. Pues menos mal que no estamos presentes cada vez que nuestros hijos e hijas se despeñan, porque de dónde sacaríamos tiempo para hacer nuestras célebres listas de lo que tenemos que hacer mañana.

Si el contenido no daba la talla (ni siquiera para Vodafone), la pantalla del Yelmo Cineplex se mostró continente incontinente. La película no cabía: cabezas cortadas, ídem con los bajos de los fotogramas. Un desastre en la línea de nuestra elección.

No nos quedó más remedio que reclamar devolución del importe. El responsable de la sala nos metió en un cuarto oscuro y luego dio la luz. Nos sacó la hoja de reclamación y no nos ofreció ni asiento ni boli. A mí con esas: a la velocidad del rayo, abrí mi megabolso, empuñé mi boli y disparé. El reclamado me miraba con cara de pocos amigos, pero achantó. Firmó y asumió que aquella noche, en aquella sala, las chachas tenían la sartén por el mango.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Notas y su cuadrilla

Tengo yo muchos defectos y muy evidentes. Es así. Pero si hay algo de lo que puedo hacer gala es de mi capacidad organizativa. Hablo hoy del ámbito profesional: he tenido una mañana de locos y locas, por causa, fundamentalmente, de la falta de compromiso y capacidad de terceros para tener bajo control su cotarro. Sé que el exceso se mide en función del umbral de exigencia del que exige. Y aún teniendo en cuenta eso (que soy bastante exijona, quiero decir) me atrevo a determinar que la desorganización es una constante en las prácticas laborales.

Y yo no puedo con eso. Me vuelvo loca, me cabreo, me disparo, me pongo muy nerviosa, se me pone un dolor de cabeza… Y desde la enajenación que me provoca este bombeo cerebral atroz hago un llamamiento a todas las personas de bien que visitáis estos lares, que dejéis pasar un tiempo antes de mandarme un email con un mensaje parecido a éste: “Perdona: no encuentro tu correo con lo que me pedías… ¿Qué necesitabas?”. Esto no se hace.

Aquello que pedí, que necesitaba con urgencia hace muchas semanas a, pongamos, Berta, debería haberse impreso y puesto en una carpetita de cosas urgentes para tener en cuenta en un espacio razonable de tiempo. Pero no se hizo así, porque, total, en este país no nos pasa nada por traspapelar, por olvidar hacer, por no devolver una llamada, por dejar para mañana... No pasa nada. Porque siempre hay alguien que compensa el desinterés o el apalancamiento del que tiene a su lado cobrando lo mismo o incluso –y casi siempre- más.

Berta me ha dado la mañana, pero podría haber sido Sonsoles, Milagritos, Monchete o el Notas. Porque cuando no te dan de sí las horas de trabajo esta especie de improductivos se reproducen como las setas en otoños lluviosos. Y a mí no me dan las horas de trabajo ni la paciencia ni las ganas de compensar tanta inutilidad. Yo veo cada mañana con mis hijas, desde el coche, la cola de hombres y mujeres que esperan a que abran las puertas de la oficina de empleo. Seguro que muchos de ellos y ellas lo harían bien, pero mantenemos a estos otros, malos conocidos; no quiero entrar a valorar por qué. Pero pagamos el precio, muy alto, de desencantar a personas con ilusión por hacer y crecer en el ámbito laboral. Es injusto y además, inmoral.

viernes, 21 de octubre de 2011

FIN (o casi)*

¡POR FIN! ETA ANUNCIA EL FINAL DE LA VIOLENCIA. El dolor y la sinrazón del terrorismo dejan paso a la esperanza, tras medio siglo de sangre y duelo, tras 858 asesinatos.
EL CORREO.
http://www.elcorreo.com/alava/

*FIN (o casi).
DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA.
http://www.noticiasdealava.com/

EL FIN DEL TERROR. ETA deja las armas tras 43 años de violencia y 829 víctimas mortales.
EL PAÏS.
http://www.elpais.com/

UN NUEVO TIEMPO PARA EUSKAL HERRIA.
GARA.
http://www.gara.net/

ETA ALARDEA DE SUS ASESINATOS Y EMPLAZA AL GOBIERNO A NEGOCIAR.
EL MUNDO.
http://www.elmundo.es/

20-10-2011: AGUR ETA.
PÚBLICO.
http://www.publico.es/

ETA CESA SU ACTIVIDAD ARMADA SIN ENTREGAR LAS ARMAS.
LA RAZÓN.
http://www.larazon.es/

ETA ANUNCIA QUE DEJA DE MATAR TRAS 858 ASESINATOS.
LA GACETA.
http://www.intereconomia.com/la-gaceta

sábado, 15 de octubre de 2011

Fan

Ni siquiera de chicuela he sido yo de darme a los mitos del momento. No he ido a conciertos a pegar grititos ni he saqueado las revistas de moda, para hacerme un colage de ídolos que lucir en la carpeta de clase.

Sin embargo, hoy, a medio añito largo de que caigan los 40 sobre mis espaldas, recortaría y pegaría una foto. Me declaro fan número 1 de una mujer anónima, que me tiene presa de admiración por su persona.

Es una discreta luchadora. No mete nada de ruido. Nada. Pero avanza y gana terreno en las líneas, para proteger lo suyo. Sin perder el Norte. Serenidad al mando, comprensión pautada y la fuerza de quien teme que no la quieran más, sin olvidar que el amor a una misma no permite soledad en compañía.

Me regala su confianza y siento orgullo de que aprecie mi cercanía y escuche mis palabras, tantas veces torpes e incapaces de aliviar su desencanto. Me cuesta descubrir su mirada apagada algunas veces, pero me encanta verla agarrada a pequeñas ilusiones que la arrastran desde el cansancio y la tristeza hacia su empeño.

Olalá tuviera cápsulas de confianza con las que prepararle un café expresso. Y unas torrijas de canela con las que acompañar uno de tantos momentos. Y un rinconcito en un bar en el que reirnos de todo esto, al abrigo del frío que acabará llegando, espero que sólo a nuestros cuerpos y no a nuestros sueños.

jueves, 13 de octubre de 2011

Vijo nuevo, puto viejo y Villanueva de Álava

Jajaja… Esto de qué va, pensaréis.

Pues, en origen, de una confusión de caracteres y alguna dificultad infantil para garabatear la dirección de su casa en una invitación de cumpleaños. Ponía calle Vijo Nuevo, pero yo recordaba algo así como puto viejo. Que no podía ser, lógicamente, jajaja. La madre, aportaba luz a mi desvarío esta misma mañana: Villanueva. Villanueva de Álava. Ah, vale.

Me sirve esta anecdotilla de andar por casa, para detenerme a divagar un pelín sobre esas espontáneas confusiones que tanta vidilla nos dan. El martes mismo una chavalita acompañada de otra inocente chochola hacía entrada triunfal en una parroquia preguntando “¿Está la cura?” “¡El cura, tía! ¡Que los curas son hombres!” Si no pusiera la mano en el fuego por la corresponsal que me lo cascó tronchada perdida, diría que esto nunca pasó.

Pero pasó, porque estas cosas pasan. También el momento impagable en el que la sin igual Merche voceaba desde el balcón de una casa rural: “¡Cuidado, que hay ropa quemada!”, para advertirnos de que la chiquillería podía pillarnos in franganti. La frase sumió a los presentes en una confusión valorativa de tremendo anuncio, hasta que nos caímos del guindo y pasamos al despiporre general.

Y esa abuela, exhausta de recordar los historiados nombres de sus nietos y nietas, que decide -sin esperar aprobación alguna- llamar Jonás al pequeño Unax y terminar con el problema para siempre.

En mi improvisado recopilatorio, tengo algunas anécdotas más dolorosas, que afectan directamente a mi estirpe: ¿por qué Goño? ¿Quién tiene tan mala idea o el dedillo corazón con tanta holgura en el teclado, para mutar mi apellido Goñi, con resultado tan grotesco? Recientemente he pasado por esto: el mismísimo señor Ararteko (defensor del pueblo, me río yo visto lo ocurrido) se dirige a mi persona apellidada, se ve, Goño. La defensa que este señor tan ilustre pueda hacer de mis intereses ha perdido fuerza después de esto. Hay unos previos, señor Ararteko. Hay unos previos.

Para finalizar, una bastante gorda. Omitiré los nombres de las protagonistas, por vergüenza torera: paradita en Briñas para hacer un alto en el trayecto Vitoria-Laguardia. No haré más sangre. Quien quiera entender, que entienda ;)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Carta a la señorita Sonia

Señorita Sonia (omito "estimada" porque yo suelo ir de frente):
Eres muy pesada. Y básicamente, ése sería el mensaje pretendido con esta misiva. Podría dejarlo ahí, pero no va a poder ser. La caja de Pandora ha petado y no hay vuelta atrás.

Ocurre que en este preciso momento estoy dudando sobre si debo seguir con este recurso no violento o si debería redactar un impreso de denuncia por acoso intelectual.

Te diré de nuevo que eres el ser más encorsetado y canso que he conocido en toda mi vida laboral. Y otra cosa: no nos gusta el tratamiento de usted, señorita Sonia. Ni la señorita Marta ni yo somos cacatúas. Diré más: la señorita Marta rebosa juventud y frescura por todos sus poros. Ni ella ni yo merecemos este acoso al que nos tienes sometidas. ¿Qué papel?, ¿qué papel?, ¿QUÉ PAPEL es ése a cuya consecución estás dedicándote en cuerpo y alma, señorita Sonia? ¿Por qué, por qué, POR QUÉ escribes a mi cuenta y encabezas tus reiteradas solicitudes con Señorita Marta:? Creo que ya te lo he explicado muchas veces: comunicacion@..., yo; la otra, señorita Marta.

Oye: ¿no te aburres de decir siempre lo mismo? ¿No te entra un sopor desmedido cuando nos sueltas, ¡otra vez!, el rollo ése del papel que necesitas que te haga llegar la señorita Marta?

La señorita Marta amenaza con direccionarte un duplicado de su partida de bautismo, porque igual te mola. Total, vas a seguir pidiendo el otro papel per sécula seculorum y se lo reclamarás a nuestros herederos, sin cortarte un pelo, desde el más allá. Y de ahí nacerá una leyenda del calado social de la chica de la curva. Los internautas del futuro enfrentarán tus videoconferencias a través de su iPhone 4238 y se preguntarán atormentados los unos a los otros qué papel es ése que necesita la señorita Sonia, para que su espíritu quede en paz para siempre, para todos y todas.

Pero no hallarán respuesta. Porque las respuestas están siempre en el interior de uno mismo. Así que, por favor, señorita Sonia, busca el papel en tu interior y mándamelo en pdf, porque he generado una morbosa curiosidad por tal documento intangible, objeto de tu deseo.

Deseando fervientemente que te quedes sin ADSL, te saluda

La señorita Macarena (comunicacion@...; no la otra)

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El salpicadero del Panda

Hay un clamor popular que pide mi intervención en este asunto tan traído y llevado. Creo que va quedando bastante claro ya que de iguales, nada de nada; más bien los unos con sus cosillas y las unas con las suyas otras. Ser hombre o mujer, determina: hay un equipamiento de serie que nos condiciona el comportamiento social y, desde luego, el emocional.

Previo que tenemos que tener en cuenta: excepciones, haberlas, haylas. Pero hagamos de este espacio un lugar donde podamos reconocernos en generalidades; seamos comprensivos y tolerantes y enfrentemos estas líneas con sentido del humor.

"Mi marido tiene menos detalles que el salpicadero de un panda". Testimono real (hemos distorsionado los caracteres, para que la autora de este comentario revelador no pueda ser reconocida por su marido). Sucedió ayer y yo estaba allí. Era la segunda parte de una conversación pelín más dilatada, imagino, en la que no estuve presente. Fui debidamente informada del contenido de la misma y se activó el protocolo de crisis: manifestemos al mundo las propiedades curativas del tunning. Hagamos del vehículo familiar, metáfora. Llevémoslo a nuestro terreno. Una huída hacia adelante con un plan arriesgado que consiga el objetivo: rescatar de una la ilusión de ser la chica de sus sueños.

No puede ser que ese panda siga aún sin un ambientador de flores enganchado en la rejilla del aire. No cabe en cabeza asentada que en el bonito lugar donde se aposentan las multas, no haya remota esperanza de encontrar una notita tierna que ponga a volar las mariposillas adormiladas en el estómago. No puede ser que al retirar la chaqueta de él -siempre reposante en el sitio que en breve ocuparemos- no encontremos un paquetito con sorpresa tipo: "He encajado a los niños. Te invito a cenar esta noche". O "Mira a ver qué tal te queda este vestido, que a mí no me vale...".

No puede ser que en ese panda no suene, casualmente, esa canción que has dicho mil veces que te encanta. No puede ser que cuando te bajas del Panda con la bolsa de la merienda de los niños, las chaquetas, mochilas, carpetas, el papelito de que vuelve a haber piojos en el cole y tu bolso, no haya un mozo estupendo que se brinda sin pensarlo a cargar con todo, para que tú consigas encontrar la llave del portal sin echarte a llorar de impotencia.

No puede ser que ese Panda haya conseguido bonus en el seguro, porque no se inmuta cuando ve la raja de tu falda. No puede ser. Ese Panda está echándose una siesta demasiado larga ya. Que arranque ese Panda. Tanta gasolina en el tanque y ahí parado, como a la espera de que le cagolee un pajarito que no viene sino a desmotivar, por otra parte.

Esta entrada ha comenzado como llamamiento y se despide con el grado superlativo de clamor. Y si después de poner en marcha el operativo descrito, la operación fracasa, sólo nos quedará ya entregar la inscripción para un taller que tengo visto, en el que te pasas el fin de semana pintando mandalas de afuera hacia dentro. O sea, lo más, para encontrarse una misma y regenerarse la ilusión por seguir siendo yo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Un hombre bueno

Tengo el inmenso placer de haber conocido recientemente a un hombre realmente bueno. Me tiene conmovida su compromiso, su entrega a la causa, su humanidad, la amabilidad que derrocha y su solvencia profesional. Le escucho hablar y sus palabras transmiten seguridad, convicción y esa sensación de haber encontrado al protagonista de aquel bonito cuento de Tolstoi: la camisa del hombre feliz.

Quien motiva estas líneas tiene camisa y algunas cosas más, es cierto. Pero lo que a mis ojos le viste es su humildad. Creo que ésta es la prenda que de verdad puede curar la enfermedad del zar del cuento, los dolores del alma, las frustraciones y las heridas. Nos sentimos tan importantes que nuestros problemas parecen igual de grandes. El hombre feliz no tenía camisa que dejarse arrebatar: su riqueza estaba en el reconocimiento de su suerte.

¿No es cierto que por estos lares tenemos mucha, pero que mucha suerte? ¿Por qué entonces tantos sintomas de malestar en los hombres y mujeres que habitamos esta parte favorecida del mundo? Decía esta mañana mi recién descubierto hombre bueno que sólo teme a la soledad y a no poder valerse por sí mismo; que el resto de los problemas se solucionan con actitud, tesón y esfuerzo. Bueno: quizá no todos los problemas, pero sí un puñado generoso de ellos.

Me quedo con la actitud. Un "progresa adecuadamente" podría ser un objetivo razonable a corto plazo. Venga: a ver si nos sale...

viernes, 9 de septiembre de 2011

Muévete, muévete.

Últimamente hay muchas personas a mi alrededor que lloran. Unas con lágrimas y otras sin ellas. Y entonces yo también lloro: casi siempre con las tripas, pero también con lágrimas.

No sé que está pasando. No sé si estaríamos tan revueltos si hubiéramos tenido sobre nuestras cabezas un poco más de sol calentándonos el alma. Pero no deberíamos seguir con esta espiral de insatisfacción, de sueños rotos, de desamor, de soledad, de insomnio, de miedo. Porque todo esto nos destruye.

Ojalá este blog tuviera la “Mickyherramientapara sanaros a todos los que estáis por aquí y también a los que estáis en mi corazón desde otros rincones. Ya somos grandes para saber que no se solucionan los problemas con un dibujo animado, pero también para saber que al frío se le combate con un abrazo, que el silencio deja de dar miedo cuando alguien te habla cerquita, que la angustia disminuye cuando se tiene un plan, cuando se reanuda el movimiento, cuando se busca desde dentro la paz.

No puede ser que nos quedemos quietos con la de cosas que tenemos que hacer. Muévete, muévete, muévete. Hacia donde quieras, hacia donde puedas. Emborrona un papel con tu rabia, tíralo a la papelera, entrégalo, pide perdón, pide amor, cierra una puerta, abre una ventana; inicia un proyecto, acepta un fracaso, grita, escribe, canta una canción, vete de viaje, limpia los cristales, pasa una tarde jugando al parchís. Muévete, muévete. Porque si te quedas quieto, quizá te alcance la ficha roja y se vaya danzando hasta contar 20.  Volverás a estar más lejos de la casilla de llegada y lo peor: podrías perder la ilusión por la partida. Y eso no quisiera verlo yo.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Lavadora de madrugada

Son las seis de la mañana. Hace más de media hora que le espero, pero creo que esta vez se ha olvidado de mí. Bueno, no se lo he puesto fácil. Afronté esta noche cargada de inquietudes, preocupaciones, inseguridades con las que enfrentar el día que vendría y que en poco tiempo, asomará ya. Tengo sobre las piernas mi pequeño ordenador, sobre la espalda una manta que es lo más parecido a un abrazo y en los dedos, urgencia.

La noche es un escenario propicio para desparramarse en exageradas percepciones de lo que nos pasa. Esta hoja en blanco sobre la que vuelco los pensamientos que me distancian del descanso, no es más que una lavadora de madrugada: meto esas inquietudes/preocupaciones/inseguridades de las que hablaba y cierro la puerta del tambor; en el cajetín grande meto palabras y en el pequeño un poco de suavizante… En un rato tengo la colada dispuesta para tenderla al sol.

Y cuando arranque el día, pensaré que tengo mucho sueño; compartiré con los míos la experiencia de mi insomnio recién experimentado y empezará de nuevo mi acoplamiento diario con el reloj y sus exigencias. Y las imágenes que durante la noche robaron mi sueño, se colocarán discretamente a la sombra: intimidadas por las voces, las presencias, las tareas e imágenes nuevas.

De repente, tengo calor… No puedo parar de bostezar, me lloran los ojos… Tengo mucho sueño… Miro el reloj. A la lavadora aún le queda un rato, así que yo me voy a ver si queda algún angelito con el que tener un dulce sueño, aunque sea cortito.

martes, 6 de septiembre de 2011

Tirita para ti

He echado en falta tu sonrisa entera, la luz de tu mirada limpia, amiga. He querido abrazarte fuerte y decirte cuánto te quiero, pero como casi siempre, demasiada ropa tendida... 
Me duele tu tristeza omnipresente, pero tu aparente fragilidad no me confunde. Esas lágrimas contenidas no consiguen desdibujar la fuerza que llevas en tu alma creadora, en tu corazón amable, en tu cuaderno de ruta. Me gusta tu compañía, tu serenidad, tu dulzura.
Me entristece tu mal trago y sabes que nos lo podemos tomar juntas, a sorbitos, cuando quieras, cuando puedas. Estas palabras son sólo un apósito, ya lo sé. Se despega con el agua y no cura. Pero, quiero pensar que te gustará distraer la atención de tu pupa sabiéndola cubierta con esta tirita que me invento para ti. Si se levanta, no pasa nada: tengo más.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Enséñame una faja que sea mona

Leo en El Correo de hoy que la faja está de moda. Que guapas oficiales como Beyoncé, Jessica Alba, Gwyneth Paltrow, Julia Roberts, Jennifer Aniston o Cate Blanchett dicen usarla; y se sabe que también lo hacen otras como Penélope Cruz y Katie Holmes, aunque ellas no comparten esta información con determinados usuarios (rollo Facebook total).

La prenda antisexy por excelencia se cuela en las cómodas, entre los más finos encajes, por su reconocida eficacia. Y no digo que no lo sea. Pero circular tan apretada por la vida cotidiana revierte, como poco, con migraña a última hora de la tarde. Esa presión que sube para arriba, arriba, arriba, no respiras bien, el tórax no da más de sí, primeros síntomas de asfixia, ansia por rellenar de aire los pulmones, hiperventilación…. No sé, no sé…

Pero y qué decir de ese color… ¿Por qué ese color? Llamémosle visón, si queréis, pero toda la vida se le ha llamado color carne. Y la prenda de color carne por excelencia es nuestra amiga la faja. Y es una prenda horrenda a más no poder. No entra por los ojos, aunque ya sé que por donde debe entrar es por las piernas. En la información de El Correo una dependienta de una tienda de lencería afirma que la neo faja ha llegado con “diversidad de diseños, colores, tejidos, es el 'boom' del otoño”. Pues yo eso quiero verlo. Enséñame una faja que sea mona y me la pruebo.

Sigo citando a El Correo, porque acuña un término divino que pienso usar en adelante. “Desde Manufacturas Teleno, empresa textil leonesa que lleva más de cuarenta años fabricando ropa interior femenina, muestran su sorpresa por esta inaudita ECLOSIÓN FAJERIL: “la faja se ha llevado toda la vida”, aseguran”.

Por lo visto,  el mercado está ya preparado también para la eclosión fajeril masculina: existen camisetas y canzoncillos-faja para ellos. Eso también quiero verlo, jajaja. Queridos amigos varones que me seguís, os vais a caer con todo el equipo: cremas, depilaciones, operaciones bikini, solarium, tintes y, ahora también, la faja va a entrar en vuestras vidas. Os estáis complicando la existencia de mala manera incorporando tamaña presión por estar divinos. Luego decís que no entendéis nuestros cambios de humor repentinos. A ver queridos: no es achacable a nuestros “dias de cambios” (que dice el moñas de Baute). Es cosa de la faja, la de color carne, la de toda la vida: la que no te deja ser tú misma, porque mientras intentas sacar tus quehaceres adelante te agarra, moldea y eleva las carnes.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Voy a pedir una excedencia para ordenar mis calcetines


Ja, ja, ja. Me troncho. Este sublime comentario de mi esposo fue hecho a medianoche de ayer, tras unos pases de trilero bien llevados, pero infructuosos, con cuatro calcetines que no casaban.

Mi experiencia es tozuda en afirmar que algunos de ellos llegan al cubo de la ropa only one. Porque aunque del tendedero los descuelgo en número par, algo ocurre en el universo paralelo de las cuerdas…

Las cinturillas de los calcetines se distinguen unas de otras en anchura y altura: únicamente. La variada gama de negro a gris oscuro que él se empeña en defender, pasa desapercibida a mi humilde percepción. Y yo los agrupo en base a cinturillas y me reconforto tras mi tarea, sintiéndome en cierta medida como esa esposa de los antiguos manuales del régimen que lleva a su marido lavado, planchado y atendido como merece el cabeza de familia que sustenta. Ja, ja, ja.

Pero va, el muy ingrato, y dice que no lo hago nada bien. Que en la semi penumbra de la habitación de las primeras horas del día, todos los gatos son pardos y reina la armonía en el cajón de los calcetines; pero cuando se impone la claridad y la realidad se muestra con todos sus matices, mi chico, tomándose un café en compañía, lamenta un cruce de piernas distraído que pone en evidencia que el emparejamiento no estaba para nada bien ejecutado.

Menos mal que mi niño es plantado y guapo y esta circunstancia le da un toque de imperfecta humanidad. Y qué duda cabe de que detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer que confunde los calcetines negros con los calcetines negros. Y ésa es, al fin y a la postre, la madre del cordero.

jueves, 25 de agosto de 2011

No te rindas. Mario Benedetti.

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo,
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque ésta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti
No te rindas

viernes, 19 de agosto de 2011

Cuéntame lo que pasó de verdad

Quiero decir que tengo bastante mal rollo metido en el cuerpo tras haber visto algunas imágenes de las cargas policiales de los últimos días.

Es cierto, yo no estaba allí. Las informaciones se pueden manipular, las imágenes… vale: algunas también. Pero yo he visto un chico que andaba por la calle con una bici y un agente le daba unos cuantos palos ante su no reacción y su cara de desconcierto. Y eso no es manipulable. Finalmente, el chico reacciona y echa una carrerita para zafarse del ataque.

He visto otro video de una pareja a la que se ve venir por la calle, cuando un grupo de agentes se acerca y uno de ellos le arrea un guantazo a ella. A partir de ahí, empiezan gritos y pataleos; el chico la coge en alto para llevársela de allí y él también recibe porrazos… Por lo visto ella, a la vez que avanzaba por la calle estaba increpando a los agentes… eso sí podría considerarse provocación; pero la respuesta a la misma me sigue pareciendo desproporcionada. Continúa este mismo video con un nuevo ataque a un chico, al que los agentes dejan tirado en el suelo después de ser golpeado. Ha resultado ser un fotógrafo cuya provocación –dice él- fue la luz del flash de su cámara fotografiando la agresión precedente.

Y yo no doy crédito. Porque esto ocurre en la capital de España, en la que en estos días se enmarañan circunstancias como el coste de la visita del Papa, la coincidencia en tiempo y pretendidamente espacio de los peregrinos y peregrinas con la marcha laica, las manifestaciones anticristianas, las convocatorias del movimiento 15M, la vergüenza nacional tanto del acoso a los peregrinos como de las respuestas policiales o, directamente, iniciativas policiales que no pueden tener justificación alguna. Y al final, lo único que nos queda claro es que los peregrinos y peregrinas han cumplido su sueño de ver y escuchar al Papa; han venido a Madrid a eso y con eso se irán.

De lo que me quedan muchas dudas es de si el movimiento de la acampada de Sol es anticristiano, antitodo y camorrista a la que salta o si lo estamos mezclando todo y cualquier movimiento civil, mayoritariamente juvenil, espontáneo, más o menos organizado e indignado por algo es atribuido, directamente, al colectivo de Sol.

Dice la Ser en Twitter, que habrá investigación del Ministerio del Interior en relación con las cargas policiales de estos días. Pues eso, que se investigue y se lean cartillas, amoneste, penalice o inhabilite, si se resuelve que ha habido abuso de poder y violencia gratuita. Yo, la verdad, esta tarde he tenido la sensación de estar viendo un capítulo atrasasado de Cuéntame lo que pasó. Y se me han puesto los pelos de punta, en serio.

martes, 26 de julio de 2011

Veo raro

Es el tercer día que amanezco con un terrible dolor de cabeza. Tras muchas horas de dolor y momentos puntuales de desear una fugaz guillotina sobre mi pescuezo, la percepción de la realidad se vuelve confusa. Quizás es porque no puedo abrir los ojos del todo; no sé si porque los músculos de los párpados no me responden o si es por esta luz ofensiva de los días nublados de verano (inciso para mandar un abrazo gordo a mi amiga Ana, que celebra hoy su santo, y se duele, pobre, del asco de tiempo que tienen - al menos hoy- también en Zaragoza. Tú sabes cuán grande es la comprensión que encuentras en mí).

Pues eso, que no veo bien. Que se pasea delante de mis ojos una telilla… como un tul… como esa nube horrorosa de las discotecas que, por otra parte, tiene el mismo efecto que la luz blanca ésa, espídica e intermitente, que hace que parezca que todo el mundo baila que te mueres.

Luego es que resulta que miro la prensa y me encuentro con noticias que… ¿de verdad destacan eso en portada? Pues sí, en portada: “Me encanta el verano en Euskadi. Es mi día favorito del año”. Se trata de una página de Facebook. La noticia la da a conocer El Correo Digital bajo este titular: “Euskadi iguala hoy el récord de días de lluvia en el mes de julio: 19”. Se ve que los vascos y vascas que tenían que estar abarrotando las piscinas ya no saben en qué entretenerse. 4.500 seguidores. A mí en ésas no me pillan. Por cierto, Paco: ¿tú crees que nos tienen pinchadas las comunicaciones? Este dolor de cabeza...

Otro titular que consigo leer por detrás de mi niebla particular: “Vitoria pierde juventud y registra su mayor envejecimiento en 20 años”. Menos mal que aunque nos hagamos viejos, nuestra piel está divina, porque como el sol ni nos huele…

Más: “Fiesta bestial en el campus por el patrón de los ganaderos”. Se entiende el juego de palabras pero, en serio, compañera periodista: bestial, no. Que se tiró lloviznando todo el día.

Otro: “Belén Rueda tiene miedo”. Se mete en la piel de una jueza que investiga extraños sucesos relacionados con hombres (lobo) en la nueva serie de Antena 3. Permitidme la broma, amigos que me seguís… Es este dolor de cabeza…

Y uno más: “A Telecinco no le gusta la palabra telebasura”. Ni a mí las previsiones de Euskalmet. Pero es lo que hay.

viernes, 22 de julio de 2011

Siempre es la misma "carajada"

Sin más, añadir a mi entrada de ayer que hoy me siento ciertamente acompañada en mi estado de locura transitoria asociada a frentes fríos indeseados. Esta misma mañana en el tranvía tenía lugar esta conversación que reproduzco con toda la fidelidad de la que mi veloz bolígrafo ha sido capaz: -¿Ya miraste el tiempo para hoy? –No. Ya no lo miro, porque es siempre la misma carajada. A estas alturas del año guardándonos con chaquetas. –Aaaaaah, sí. Así es la cosa. Aquí no sabe llegar el verano.

Pues ya seremos punto estratégico de comunicaciones, ya. Pero el verano, llegar hasta aquí, no sabe.

Termino haciendo gala de una generosidad que creo que el destinatario no merece, y le cedo un espacio en mi blog a otro ciudadano, en el mismo tranvía: -"Da gusto. Estos días tan sanos…". Anda, anda... Bájate que la siguiente parada es la tuya. Bájate y no ofendas y respeta. Respeta, hombre de Dios. Respeta. ¡Oyeeee! Que te dejas la chaqueta…

jueves, 21 de julio de 2011

Toma "green"

14:00 horas del 21 de julio de 2011. 16 grados, cielo cubierto de nubes, chubascos frecuentes. Seguirá precipitando ocasionalmente. Viento intenso del noroeste. Temperaturas en franco descenso. Franco desencanto, franco encabronamiento, franca amargura en mí. 

Tengo los pies helados y estoy muy, muy enfadada. Mucho. Y muy harta y muy desesperada. Es que un 21 de julio es bastante verano ya, ¿no? ¿Quién nos roba las estaciones cálidas y por qué?

¿Por qué?

¿Me puede decir alguien qué es la ropa de verano y para qué se utiliza? ¿Podría algún fabricante comercializar crema solar en formato botellita de licor para que no nos dé tanto coraje tirarlo entero porque ha caducado sin estrenar?

Estoy tan deprimida que ni siquiera me voy a meter hoy con lo green que somos.

lunes, 18 de julio de 2011

El "palabra de honor" no compensa

Este fin de semana he estado de boda. Mucha gente joven y bien arreglada. La verdad es que ellas, monísimas. Un gusto: sin estridencias destacables.

Me ha llamado la atención la elección mayoritaria entre las mujeres del escote conocido como “palabra de honor”. Dice mi madre que le viene el nombre a la tranquilizadora frase de “palabra de honor, que no se me cae”. Yo tengo que reconocer que nunca he vestido un palabra de honor, porque soy de ésas que no se lo creen; lo de que no se cae, digo. Pero si ya tenía mis sospechas, después de este fin de semana, mi certeza es total: todas temen que suceda.

Y es que sucede. Se cae. Desciende desde el lugar que se le asigna sin ningún miramiento, dejando al descubierto sostenes color visón sin tirantes, con copas enriquecidas y redondeadas, para un lucimiento generoso de un escote altivo del que quizá no se disponga.

Y como sucede, a la mínima tentativa de desprendimiento una pinza de índice y pulgar se apresura a resituar la frontera del vestido. A veces ocurre simultáneamente: dos pinzas, una a cada lado, y un movimiento rápido, pretendidamente invisible; pretendidamente, digo, porque nunca pasa desapercibido.

El cuerpo que se debe al palabra de honor acompaña siempre este ritual con un ligero arqueo de la parte alta de la espalda. Así, el pecho se esconde ligeramente, y el recoloque se obtiene sin ostentación.

Pues así todas. Un no parar. Durante la ceremonia nupcial, mi Javierito y yo no hacíamos sino constatar la patente incomodidad de estar, a cada momento, pendiente de controlar un escote palabra de honor que, francamente, yo creo que no compensa.

Ocurre como con los vaqueros subcadereros, que se llevaron hace unos años: que en quieto, en el probador, frente al espejo, divinos. Pero todas hemos tenido que agacharnos a comprobar una conexión de la cpu, o a recoger un boli que ha salido volando de nuestras manos… ¡y ahí estaba!: la costurita de nuestras braguitas, si no algo peor. Seguida de esta experiencia, el alzamiento corporal, la pincita digital antes descrita tirando de la cinturilla del pantalón (al tiempo que metiendo tripilla) y el reconocimiento nunca expresado en voz alta: qué mierda de vaqueros. No compensa. Y el palabra de honor, a mi observador entender, tampoco.

viernes, 15 de julio de 2011

Es ella misma. No es nadie más.

Diplomada en Derecho Internacional en University of Cambrige. Master en Dirección Comercial y Marketing por la Escuela Superior Europea Universitaria y Empresarial de Castilla y León. Cuasi cumplida la licenciatura de Derecho. Experiencia laboral en la Cadena Ser y como locutora y coordinadora de programas Musicales (Madrid, Valladolid, Lugo, Coruña). Presentadora de Call Tv en Mediacat Tv, para diferentes cadenas de televisión como Tele 5, Marca Tv, la Sexta… Y otro puñadito de experiencias como colaboradora en distintos programas de televisión.

Bueno: pues un currículo majete, ¿no? Parece que nuestro personaje misterioso ha enfocado su carrera hacia la comunicación. Bien, ¿Y entonces? ¿Cómo se puede expresar alguien tan mal y creerse la comunicadora del milenio? Sufro cuando escucho a esta mujer de verborrea descontrolada y egocentrismo vasodilatador. De verdad que sufro mucho: paso tanta vergüenza viéndola ponerse en evidencia. Me dan ganas de decirle, “Calla, calla, calla…” “Que te está oyendo todo el mundo…” Mi sentido del ridículo no contempla que un ser humano presuntamente cultivado en letras se suelte la melena y genere construcciones de este calado sin enrojecer.

Aída Nízar: te cedo hoy, y sin que sirva de precedente, un espacio en mi blog para que te desparrames una vez más:

 Que nadie cometa la torpeza de comportarse como si tuviésemos cientos de vidas… Que no sea nuestro error, aprender más en la escuela que en la vida”.

Sobre Belén Esteban: “Es ella misma. No es nadie más. Y ella misma tendría que hacerse un examen de conciencia y pensar por qué tiene esa mala interpretación de sí misma.”

“Continúo peleando por conseguir mis merecidos sueños…Que estoy triunfando con el programa de rigor que presento”.

¨Muchos creen que me matan; yo creo que se suicidan”.

¡Bueno, basta ya! La vida no me ha dotado aún de herramientas suficientes para exponerme a tu farragosa dialéctica. Te recomiendo La cartilla de Pipo; nivel avanzado (eso sí). Pienso que necesitas recuperar el sencillo esquema sujeto-verbo-predicado; y ya irás incorporando los complementos, las oraciones subordinas, predicativas… Poco a poco, ¿vale?

Otra de tus perlas:
A Kiko Hernández: “Y ahora quiero que reconozcas que Aída es una gran persona”.
Que no digo que no. Ahí no entro. No me atrevo, la verdad.  Y además, parafraseándote:"Como la verdad siempre triunfa, Aída triunfará".

Creo que la clave está en esta última composición gramatical tan a tu estilo:
"Quiero que conozcáis ese humor que tiene Aída y no conocéis".

Toda mi energía está puesta en las posibilidades que a la humanidad televidente nos brinda esta última gran frase vertida (qué tuyo es este horroroso verbo aplicado a comentarios o frases) por tu persona. Espero, de verdad, que se trate de una broma y que cuando salgas de los platós y extraigas el dispositivo USB que te conecta a tu liderazgo comunicativo, seas para los tuyos una persona normal. Con toda la sencillez que implica. Y de verdad, que no pasa nada. Prueba, a ver.

martes, 12 de julio de 2011

De hambre y poca vergüenza

Si fuera de una generación anterior habría puesto por delante la poca vergüenza y después el hambre. Por situar, aclaro que no me refiero al hambre en el mundo. Y por facilitar un contexto para mi comentario explico que provocan mis palabras las imágenes de mujeres y hombres que fueron portada u ocuparon espacios significativos en los medios de comunicación, el pasado 7 de julio, San Fermín.

No sé qué les pasa por la cabeza a esas mujeres que deciden que el colmo de la megafiesta es despojarse de camisetas y sostenes y liberar mamas chipiadas de vino. No sé qué demonios hace todavía en la cabeza de los hombres la convicción de que un pecho sin cubrir es una llamada al magreo espontáneo. No sé qué lleva a los y las responsables de publicaciones a pensar que una mujer borracha (no me cabe otra explicación) es susceptible de convertirse en portada, denigrando su imagen física, su honor y de paso ofreciendo una imagen lamentable de las mujeres que viven la fiesta exponiendo su cuerpo al hambre del hombre hambriento.

Lo peor de todo es que no se trata de una única foto. Es que son muchas las que se han podido ver ilustrando imágenes similares a la anteriormente descrita. Y entonces ¿el problema dónde está? ¿Quién está hablando de quitarle a una la libertad de desnudarse y permitir que la toquen los machos? Yo, no. Entiendo que hay un contexto de júbilo, fiesta, alcohol… en el que quizás vale todo. Quizás. Yo no lo tengo claro. Pero es evidente también que extrapolada de su momento, la escena inmovilizada en papel se vuelve grotesca y de mal gusto.

A mí me ofende que todos los hombres que, en mi entorno y cercanías, han sido sondeados sobre su parecer ante la publicación de estas fotografías, han reaccionado con risotadas y complacencia. Estoy convencida de que la mayoría han visto en las imágenes a una guarra y a un listo. De ahí haber invertido los términos en el titular de esta entrada. Seguramente, si yo fuera una mujer de más edad habría pensado en la poca vergüenza que tiene esa mujer y en que a los hombres les plantan una teta en la cabeza y qué van a hacer… Afortunadamente, soy de una generación de mujeres que queremos que se nos respete, que trascienda más allá de nuestras curvas nuestro reconocimiento y lugar en el mundo. Queremos aparecer en las portadas de los periódicos por lo que hacemos, no por lo que lucimos, la ropa que vestimos y la dedicación que tienen nuestros maridos. Queremos que nuestros amigos, parejas, hermanos, padres se lleven las manos a la cabeza, como muchas de nosotras, al encontrarnos una foto de portada que nos convierte en un montón de carne sin conocimiento a la espera de la zarpa del león dominante.

viernes, 10 de junio de 2011

Aguas estancadas y playas tristes

"Hay una gran lección que da el mar: que todo tiene su momento y su final. Y que cuando los hombres que han sido valientes, geniales, los arroja la vida a la playa y los deja varados entre las piedras, muchos se pudren poco a poco". Arturo Pérez-Reverte.

Estas palabras me emocionan. Hablan de marineros en tierra, pero también de sueños en marca de agua por los que se dejó de luchar. Hablan de resentimiento, hablan de muerte en vida, de aguas estancadas y de playas tristes. Leo en esas líneas la derrota del que deja de redibujar el camino que le conduzca a sus anhelos. Leo la ilusión ahogada que no se sobrepuso a la marejada.
Asumir que nunca pasará es aceptar inmóvil un jarro de agua fría sobre la cabeza, una derrota que apaga la mirada, que te convierte en otro, que condena a una vida en la que se añorará siempre quien uno fue en los años en los que se tenía entre las manos un mapa del tesoro.
Seguramente es más práctico resignarse que permanecer siempre anhelando, aguardando un cambio en el viento de tu destino. Estará uno más cerca de la serenidad, de la paz de espíritu, de la armonía de una confortable rutina. Pero ¿y esa voz? ¿Cómo se apaga esa voz que grita “lucha por mí, lucha por mí”?
“Hay una gran lección que da el mar: que todo tiene su momento y su final…”. Pero no es verdad. Porque hay vidas a las que se les niega el momento y hay personas que se perpetúan en un final instalado en un corazón que aún latirá con fuerza muchos años. Y entonces, ¿de qué habrá servido haber sido niño, soñar con lo que de mayor seríamos, contar a los amigos lo que nos haría felices, buscar un compañero con el que compartir el camino y la emoción del logro?
Una meta que no se alcanza no será nunca un fracaso; es un papelito doblado echado a arder en una hoguera de San Juan; un crepitar que hace bailar el alma y una llama que se eleva irritando los ojos cuando quema la tentación del olvido, llenándolos de luz con el reflejo de las ilusiones que nos ponen en movimiento.

martes, 7 de junio de 2011

Madre Superiora

Escribo estas líneas que no leerás para reincidir en que te pasas mucho, tía. Te aprovechas de mi condición de persona de talante amable y del desconcierto que me provocan los encontronazos contigo. Me incomodas. Me haces sentir despreocupada e irresponsable. Me tortura tu airada expresión corporal y tu desdén al dirigirte a mí para censurar mi conducta e incluso mi ausencia de ella. No sé por qué haces eso, ¿no te gustan los puzzles?

Te digo una cosa: bastante tengo con conciliar mi vida familiar y laboral, para tener que conciliar también mi esperanza en la paz de los pueblos con las ganas de soltarte una fresca definitiva que ponga fin a tu superioridad y a mi apocamiento.
Hazte mirar esa necesidad que tienes de sacudirme las pelusas de tus inseguridades y déjame en paz. Me pregunto por qué te arrogas la autoridad de juzgarme; me cabrea que determines que debería haber estado donde no estaba, que me pongas los objetos personales de mi hija en los brazos sin decirme ni palabra, que no me mires de frente… Y te diré más, querida: mi hija, no se siente desvalida si no tiene una madre excelentísima para cogerle el abriguito y la mochila de camino al gimnasio, sabe vestirse solita para la actuación y no pasa frío con su top de espalda descubierta ¡porque está bailando!

Sé que te hago el caldo gordo, lo sé. Gracias a mí te sientes bien, reforzada en tu misión de madre, ahora sí, Superiora (gracias por tu impagable aportación, Merche). Qué exiguo resulta ya el “excelentísima” referido a tu suprema y maternal condición.

En serio, un puzzle te iría bien. Pongamos 1000 piezas, para acabar sin sobresaltos lo que nos resta de colegio.

viernes, 3 de junio de 2011

Mientras las princesas duermen

Cada noche me asomo a sus refugios de color, para encontrarlas rendidas al abrazo de sus edredones, con sus ojitos cerrados y su pelo revuelto, tan suaves… 

Les acomodo la ropa, retiro los muñecos que les merman espacio, corrijo malas posturas, acaricio sus caritas, las beso. Y pienso en que no hay dos niñas más bonitas en el mundo, más alegres, más tiernas, más mías. 

Pienso en la calma que me transmiten antes de dormir, al verlas así, sumidas en sus sueños de color rosa y purpurina; jugando quizá con sus amigos en el parque, haciendo trastadillas que no encontrarán reprimenda mientras duerman. 

Quiero pensar que son felices, que se sienten seguras en nuestro amor y cuidados; que saben que nos llena de orgullo su existencia, que son nuestro sentido y el proyecto más importante que hemos tenido entre las manos.

Cada mañana, cuando les digo “¿os he dicho alguna vez que os quiero mucho?”, Violeta se abraza a mí con toda la generosidad de su ternura. Olarizu, como un cascabelillo tintineante, me increpa risueña “pues claro, mami: ¡si nos lo dices todos los días!” Y son las dos así tan distintas, tan auténticas, tan contentas de tenerse la una a la otra.

Mis muñequitas. Mis princesitas con polvo de oro en las manos, música en sus risas, primavera en las miradas y trote locuelo en sus pasos.